Más de un millón de trabajadores indefinidos buscan otro empleo y rompen las reglas del mercado laboral
elEconomista. La búsqueda de empleo entre trabajadores fijos se dispara un 140% desde 2019, duplicando ya a los temporales. La reforma laboral ha elevado la propensión al cambio: 1,2 millones de indefinidos dimitieron este semestre.
Nunca ha habido tantos trabajadores españoles en búsqueda de empleo. Y, pese a las incertidumbres económicas y laborales, esta tendencia no da señales de revertirse. En el segundo trimestre del año se alcanzó un récord de 1,76 millones de ocupados de los que el 93%, 1,65 millones, eran asalariados. Un 60% y un 63%, respectivamente, más que en el mismo periodo de 2019. Esta evolución tiene un protagonista claro: los trabajadores con contrato indefinido, que se han disparado un 140% y prácticamente duplican a los temporales.
Como hemos contado en varias ocasiones enelEconomista.es, la reforma laboral ha tenido un impacto claro en la rotación voluntaria, como muestran los registros de la Seguridad Social, con 1,5 millones de dimisiones en el primer semestre del año, de las que el 77% corresponden a indefinidos (1,2 millones).
Esto también tiene una repercusión en el auge de los puestos por cubrir, un fenómeno inédito en una economía como la española, que aún mantiene una tasa de paro que roza el doble dígito (9,8% en el segundo semestre).
Esas tensiones se produjeron también en otros países tras la pandemia, pero lo extraño es que nuestro país mantenga el “sobrecalentamiento” de su mercado laboral prácticamente en los niveles de 2023 mientras otras economías se han enfriado en los últimos años. Para entender esta historia falta un capítulo: el que escribe la Encuesta de la Población Activa (EPA).
El INE (igual que Eurostat) dejó de publicar en 2020 la serie anual de ocupados que buscan otro trabajo, pero esa pregunta sigue en el cuestionario, y pueden extraerse de un análisis de los microdatos. Ya no se inquiere por la causa de esa búsqueda de empleo, pero a cambio se pueden cotejar variables como el tipo de contrato.
Y su veredicto es que no es solo que haya más gente trabajando que en 2019, ni tampoco más con contrato indefinido, sino que apunta a un cambio más profundo. Los fijos han pasado de representar el 39% al 63% del total de ocupados que buscan empleo, lo cual supone una inversión clara en las tendencias anteriores a 2020.
Un cambio de paradigma
La recuperación tras la pandemia ya supuso un incremento notable de la búsqueda de empleo, incluso en los meses precedentes a la reforma laboral (seguramente por las expectativas que generaba). Sin embargo, el verdadero salto se produce a partir de 2022, cuando las personas que buscan un trabajo pese a tener un contrato indefinido se disparan. Y no solo eso, por primera vez, superan a los temporales.
En relación con 2019, el cambio es claro. El número total de asalariados que buscan otro empleo sube de 1,012 millones en el segundo trimestre de 2019 a 1,65 millones en el mismo periodo de 2026: 637.499 personas. De ese incremento, el temporal no aporta nada (de hecho, cae ligeramente). Todo el repunte se debe a los indefinidos.
Pero este incremento no es proporcional al del número de ocupados con este tipo de contrato: han pasado del 74% al 85% de los asalariados, pero han saltado del 43% al 66% de las búsquedas. La pregunta es por qué se produce esto.
Buena parte de las búsquedas de empleo se explican por precariedad laboral. De hecho, el porcentaje de temporales que quieren cambiar de trabajo, del 19,2%, supera con creces a los indefinidos ordinarios, del 6,23%. Los fijos discontinuos quedan entre medias, con un 12,58%.
Las tasas de los tres tipos de contratos han aumentado respecto a 2019: entonces los eventuales se quedaban en el 13,5%, los indefinidos ordinarios en el 3,4% y los fijos discontinuos en el 5,48%. Esta evolución confirma que, si bien, la reforma logró su objetivo declarado de elevar el peso de los empleos fijos, también aumentó la propensión de los trabajadores a cambiar de empleo.
La explicación parece sencilla: la norma suprimió los contratos por obra y servicio, de duración ‘indeterminada’ (pero mayor que la de otros temporales) y trasvasó esa mano de obra a los fijos discontinuos y a los indefinidos ordinarios. Esta ‘recomposición’ de la demografía contractual provoca la paradoja de elevar la disposición a cambiar de empleo en todos los empleos. Los temporales se concentran en empleos más inestables y los fijos discontinuos elevan su volatilidad.
¿Pero basta esto para explicar lo ocurrido? No. El análisis de los microdatos confirma que a pesar del aumento de la incidencia, hay menos temporales buscando empleo que en 2019 (un -1,9%), algo lógico porque hay menos ocupados con esos contratos. Con los fijos discontinuos ocurre a la inversa: las búsquedas se han disparado un 314%, pero solo aportan un 11% al incremento total de asalariados que quieren otro trabajo. Y es que su peso en el mercado laboral sigue siendo muy reducido.
La clave está en los fijos ordinarios: un 140,7% de incremento relativo y el 89% del total acumulado desde 2019. En este sentido, cabe interpretar que los nuevos indefinidos se han vuelto más ‘precarios’, pero los microdatos no respaldan esta tesis. Ha habido un incremento notable en este grupo, pero el resto de franjas de antigüedad también crece. Incluso entre los que llevan más de 10 años se ha disparado un 90%.
Esto apunta a que el incremento de los indefinidos ha abierto las puertas a un mayor dinamismo del empleo que no se basa solo en el trasvase de la volatilidad de los temporales, como en el pasado. Que se mantenga en el tiempo y, además, en todos los indefinidos con independencia de su antigüedad es una señal de un cambio real en el mercado de trabajo para el que, quizá, muchas empresas no se han preparado.

