Los campings de Girona buscan personal formado en Latinoamérica | Federació Hostaleria i Turisme de les Comarques de Girona

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Los campings de Girona buscan personal formado en Latinoamérica

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La Vanguardia. Prueba piloto con 27 trabajadores de Honduras, Colombia y México este verano.

Héctor Palma, un joven de 28 años natural de Honduras, trabajará hasta finales de septiembre en el camping Las Dunas de Sant Pere Pescador, en la Costa Brava, como pinche. Fogueado sobre todo en Estados Unidos, donde estuvo empleado durante cinco años a las órdenes de una empresaria del sector en el estado de Minnesota.

Héctor forma parte del contingente de 27 personas procedentes de Honduras, México y Colombia que la Associació de Càmpings de Girona ha contratado en origen este verano para trabajar en establecimientos de la provincia hasta final de temporada. Personal con formación que cubrirá puestos de cocinero, ayudante de cocina o en tareas de limpieza, que son algunos de los perfiles más demandados del sector.

Se trata de una prueba piloto con la que se quiere paliar uno de los déficits del sector turístico, la dificultad de encontrar mano de obra calificada. El presidente de la Associació de Càmpings de Girona, Miquel Gotanegra, subraya que la principal apuesta es el talento local, aunque reconoce que la contratación en origen “es una herramienta complementaria” a otros procesos habituales de selección. “Es importante explorar nuevas vias que nos permitan incorporar profesionales con experiencia y garantizar que, durante los momentos de mayor actividad, podamos continuar dando el nivel de calidad esperado por los clientes”, dice Gotanegra.

Héctor Palma destaca la oportunidad recibida. “En Honduras hay mucha gente que quiere trabajar, pero las oportunidades son escasas, y opciones así son muy ventajosas para nosotros”, explica. Se enteró de la oferta por el Ministerio de Trabajo de su país, que hizo una preselección de los candidatos. Una vez en España, los campings que les han contratado se ocupan del resto: del transporte desde el aeropuerto, la manutención y el alojamiento, que es en el propio establecimiento.

Según la patronal de la hostelería, el 75% de los puestos que quedan vacantes no se cubren

El gerente de Las Dunas, Frederic Suñé, explica que desde hace años no dejan ningún mercado por explorar. En su plantilla de 310 empleados conviven trabajadores residentes en Catalunya, de otros puntos de España y también europeos. Y desde este verano, 16 empleados contratados en origen en Latinoamérica. “Con esta prueba piloto vimos la oportunidad de explorar otros mercados más lejanos nuevos para nosotros”. Y subraya que todos los contratados en origen son “gente calificada” con experiencia previa en el sector, ya sea en cruceros o cadenas hoteleras.

Las dificultades para encontrar personal formado en la hostelería son un quebradero de cabeza para los empresarios. Unas dificultades agravadas en las zonas de costa, donde en verano es una quimera encontrar alojamiento a un precio asequible.

A la falta de formación específica se le suman otros muchos factores como el absentismo, los amplios horarios, dificultades de conciliación o el escaso reconocimiento del oficio que derivan en plantillas cada vez más cortas en uno de los países más turísticos. “Encontrar personal es un auténtico drama”, subraya una hotelera del Baix Empordà que declina dar su nombre. Un drama que se agudiza todavía más cuando el trabajador deja su puesto, por el motivo que sea, en pleno verano.

Según una encuesta de la Federació d’Hosteleria de les Comarques de Girona, cada mes hay entre dos y cinco trabajadores de cada diez que abandonan su puesto por un motivo u otro, y el 75% de las plazas vacantes no llegan a cubrirse. “Cada semana hay alguien que lo deja, solo en julio tuvimos unas veinte bajas sobrevenidas, encontrar un camarero cualificado en pleno verano es misión casi imposible”, reconoce el director de un hotel de Lloret de Mar, con cinco establecimientos en la zona.

El director, que también prefiere mantenerse en el anonimato para expresar sus opiniones libremente sin miedo a represalias, explica que falta “vocación y compromiso”. “Hay candidatos que no se presentan a las entrevistas ni el día que empiezan”, dice. “Otros te dicen que por 300 euros más que cobrarán no les sale a cuenta venir a trabajar porque en subsidios ya perciben 1.200”, dice. Aunque también hace autocrítica y reconoce que el sector ha “tensado demasiado la cuerda”, por ejemplo, con horarios maratonianos.

Ante la falta de personal, muchos negocios echan mano de estudiantes para completar sus plantillas. Ocurre principalmente en el ocio nocturno. “Es difícil encontrar gente que quiera sacrificar la noche”, reconoce Jordi Meléndez, presidente de la Associació de Bars, Restaurants i Oci de Platja d’Aro. “En temporada alta tiramos mucho de estudiantes, y claro, eso repercute también en el servicio, porque es personal no cualificado”, reconoce la hotelera del Baix Empordà. Tal es la necesidad de trabajadores, que una empresa radicada en el Maresme desde hace años está haciendo de nexo entre universidades de todo el mundo y empresas del sector turístico que buscan estudiantes en prácticas de gastronomía u hotelería. “Hay más demanda que trabajadores”, reconocen.

Hoteleros y restauradores situan la covid como un punto de inflexión para la hostelería. Fue un periodo de cierres totales, reaperturas graduales, severas restricciones de aforo y horarios y miles de trabajadores en paro que al finalizar la crisis sanitaria optaron por otros empleos con mejores horarios.

El coronavirus también coincidió con un cambio de mentalidad. Del vivir para trabajar al trabajar para vivir y con muchos matices. “Los trabajadores valoran ahora tener tiempo de ocio, fines de semana libres, y algunos incluso rechazan ascensos laborales y más sueldo si va en detrimento de lo demás”, apunta Enric Dotras, presidente del Gremi d’Hostaleria de Lloret de Mar.

Si bien campings y hoteles tienen la ventaja de que pueden realojar a los trabajadores en sus propios negocios, la situación se complica para bares y restaurantes. “Antes era muy habitual que vinieran camareros de Andalucía, Madrid o Extremadura a hacer temporada, pero ahora no hay vivienda”, constata Víctor Pérez, restaurador de Platja d’Aro.

En Lloret de Mar, que en verano cuadruplica su población, los restauradores se las ven y se las desean cuando contratan a personal que no es de la zona. “A veces, entre dos o tres restaurantes, optamos por reservar habitaciones de algún hostal para garantizar un techo a los que vienen de lejos”, explica Marc Linares, presidente de la Associació de Bars, Restaurants i Cafeteries de Lloret de Mar. También él constata la dificultad de encontrar mano de obra formada y subraya la importancia de tener atadas las plantillas en primavera. “Si a 1 de abril no tienes los principales puestos cubiertos, vas muy mal”, reconoce.