La industria alimentaria reactiva la subida de precios tras dos años de bajadas y pone en jaque la cesta de la compra | Federació Hostaleria i Turisme de les Comarques de Girona

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La industria alimentaria reactiva la subida de precios tras dos años de bajadas y pone en jaque la cesta de la compra

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elEconomista. Los conflictos en el Mar Negro e Irán disparan los cereales: el maíz sube un 12,6% y el trigo un 5,7. A la guerra se suma la nueva ley de la UE contra la deforestación, que elevará los costes de materias primas clave.

Nueva amenaza sobre la inflación. Tras dos años seguidos de bajadas de precios, la industria alimentaria se ha visto obligada a incrementarlos de nuevo ante el alza de los costes derivados de la inestabilidad internacional y los conflictos abiertos, tanto en Ucrania como en Irán. De acuerdo con los últimos datos del Índice de Precios Industriales (IPRI) los fabricantes subieron sus precios de venta a la distribución un 0,5% en abril, un 0,4% en mayo y un 0,2% en julio. Pero lo peor puede estar aún por llegar debido, fundamentalmente, al encarecimiento que está registrando en las últimas semanas el mercado de cereales como consecuencia del bombardeo constante a través de drones de barcos mercantes en el Mar Negro por parte tanto de Rusia como de Ucrania.

Pero es que a eso se suma, además, el enfrentamiento desencadenado en Oriente Medio entre Estados Unidos y el régimen de los ayatolás. De acuerdo con el último informe de Mercalleida, desde el comienzo de la guerra con Irán el pasado mes de febrero, el trigo se ha encarecido ya un 5,7%, hasta 242 euros por tonelada; el maíz un 12,6%, hasta 249 euros y la cebada un 10%, alcanzando ya 230 euros.

Miguel Ángel Berges, director general de Mercolleida, explica que “aunque en la última semana ha habido un pequeño descenso por la falta de demanda debido a que el calor ha hundido los consumos de pienso, la situación en el Mar Negro es peor que nunca y hay preocupación en el sector por lo que pueda pasar”. Y es que, según explica Berges, “aunque se pueda comprar trigo o maíz procedente de otros países, como Estados Unidos o Brasil, su coste es aún mayor”. Los mercados de futuros reflejan, de hecho, un encarecimiento esta semana del 26,2% respecto a febrero en el caso del maíz y de hasta un 14,3% en el del trigo.

La advertencia del sector

La industria alimentaria había tratado de bajar al máximo sus precios en los dos últimos años debido a la fuerte presión de la marca blanca, que supone ya casi la mitad de todo el mercado, pero el alza de los costes debido a la inestabilidad geopolítica internacional ha impedido que puedan mantener esa tendencia. Y es que al incremento de costes de las materias primas se ha sumado también el aumento en los últimos meses de la energía y el transporte, a la espera, eso sí, de un posible acuerdo para la reapertura del estrecho de Ormuz.

El pasado mes de abril, Ignacio González, presidente de la asociación de fabricantes y distribuidores, Aecoc, advirtió ya de que la subida de precios en el sector de la alimentación como consecuencia de la guerra de Irán era inminente, por lo que desde la organización se insistió en reclamar más ayudas para el consumidor. González explicó ya entonces que aunque hasta ahora el sector estaba logrando mitigar y retardar el alza de precios ante el incremento de los costes, se había quedado ya sin margen. “No podrá ser durante mucho tiempo porque los márgenes son estrechos y el impacto en costes es importante”, aseguró durante la asamblea general de la organización. La subida por parte de la industria no quiere decir, sin embargo, que el impacto en el consumidor sea inmediato porque los supermercados intentan también de frenar la escalada de precios para impulsar el consumo.

La inflación

De hecho, y según el último dato disponible, la inflación de los alimentos y bebidas no alcohólicas moderó su avance en junio, hasta el 1,9%, lo que supone tres décimas por debajo del dato registrado en el mes de mayo. Es cierto que esta desaceleración no implica una caída de los precios, ya que estos continúan encareciéndose, pero sí que lo hacen a un ritmo más contenido que hasta ahora. A la espera de lo que pueda ocurrir en los próximos meses, en el sector advierten, en cualquier caso, de que la denominada inflación del carro de la compra venía mostrando ya una tendencia al alza desde incluso los meses previos al estallido de la guerra en Irán. Pese a todas estas incertidumbres, la buena noticia es que el consumo de momento está aguantando.

Según revela el último barómetro elaborado por Circana, el gran consumo, que integra tanto los productos de alimentación como los de droguería y perfumería, mantiene de momento una evolución positiva y cerró el primer semestre del ejercicio con un crecimiento del 3,9% en valor y del 2,2% en volumen.

Para Circana, esto ha sido posible gracias a “un entorno económico favorable para el consumo, apoyado por el crecimiento de la economía española, el dinamismo del mercado laboral y una actividad turística en máximos históricos”, pese a que el alza de los precios “sigue condicionando las decisiones de compra de los hogares y manteniendo la confianza de consumidores y empresas en niveles de cautela y con una actitud de gasto selectiva”.

Más allá del alza de los costes operativos, en el sector advierten, no obstante, de que hay también amenazas normativas. Y es que el nuevo Reglamento Europeo contra la Deforestación (EUDR) supone un giro de gran calado para la industria del gran consumo al exigir que materias primas clave como la soja, el cacao, el café o el aceite de palma no procedan de zonas deforestadas. La norma obliga a las empresas a garantizar una trazabilidad total de sus cadenas de suministro, lo que incrementa los costes operativos, complica el aprovisionamiento y favorece a los grandes grupos frente a las pymes.

Todo ello, según explican en el sector, abre la puerta a cambios en el surtido a más presión al alza sobre los precios. Tras una primera prórroga, Bruselas ha fijado ahora como nueva fecha de entrada en vigor el 30 de diciembre de 2026, mientras que las pequeñas empresas dispondrán de margen hasta junio de 2027. El aplazamiento responde a la presión de la industria y de varios Estados miembros, que alertaban de la complejidad técnica de adaptar las cadenas de suministro a los requisitos exigidos.