Europa resiste en turismo incluso en las previsiones de escenarios más adversos
Hosteltur. Europa afronta el actual ciclo de incertidumbre económica con una posición más sólida que otras regiones turísticas, incluso bajo hipótesis de fuerte encarecimiento energético y desaceleración global. Así lo ha trasladado Dave Goodger, director general para EMEA (Europa, Oriente Medio y África) de Tourism Economics -división especializada en el sector de Oxford Economics– en el MarketHub Europe de HBX Group que se está celebrando esta semana en Malta. Ha defendido así que el continente mantendrá capacidad de resistencia gracias al peso del viaje intrarregional, la fortaleza de la demanda y la prioridad que los consumidores siguen dando a las experiencias.
El turismo europeo encara el año con perspectivas menos expansivas que las previstas hace unos meses, pero todavía en terreno positivo, al pasar las previsiones globales de crecimiento del 8% al 6%, en un entorno marcado por la volatilidad energética, la presión inflacionaria y una confianza empresarial más débil a corto plazo.
No obstante, incluso en los escenarios más adversos el Viejo Continente, según ha explicado Dave Goodger, “mantendría cierta resistencia”, apoyado en el peso de los viajes de corta distancia, la solidez del mercado doméstico e intrarregional y una demanda que no ha dejado de mostrar capacidad de recuperación tras crisis, conflictos y desastres.
El análisis parte de un contexto de costes al alza. El precio del crudo por encima de los 100 dólares por barril y el encarecimiento del combustible para aviación, cuyo diferencial frente al crudo se ha duplicado en los últimos meses, presionan la estructura de costes de las aerolíneas. Goodger ha recordado que el combustible representa entre una cuarta parte y un tercio de sus costes apuntando que, aunque las compañías han asegurado que absorberán inicialmente parte de ese impacto, se prevén subidas de tarifas aéreas de entre un 5% y un 10%.
Más costes, pero sin frenazo de la demanda
Ese incremento de precios no bastará, sin embargo, para detener el crecimiento del sector. En palabras del analista, la subida “ralentizará la recuperación”, pero no cambiará el signo del mercado salvo que el deterioro geopolítico se prolongue de forma severa. El escenario de mayor riesgo, con el petróleo escalando hasta los 150 o 200 dólares por barril, sí podría arrastrar a las principales economías a una recesión y llevar al turismo global desde un crecimiento del 6% a una contracción del 2%.
Aun así, Europa seguiría mostrando una evolución comparativamente mejor. Frente a Oriente Medio, donde las previsiones apuntan a una caída superior al 30% de los viajes por problemas para poder acceder y por el efecto del conflicto, el mercado europeo se beneficia de una estructura más diversificada y de un fuerte componente regional. Goodger ha subrayado que el 80% del crecimiento de los viajes hacia Europa procede de desplazamientos dentro de la propia región, una dinámica que refuerza la estabilidad de la demanda.
También el turismo doméstico ofrece un colchón adicional. Aunque su comportamiento sería más modesto en un escenario de crisis prolongada, su retroceso sería menos severo que el del tráfico internacional. Esa combinación entre viaje interno y conectividad de corta distancia explica parte de la solidez europea ante impactos externos.
El viaje sigue siendo prioritario para el consumidor
La otra gran palanca que sostiene el mercado es la propia conducta del viajero. Goodger ha defendido que el turismo sigue siendo “una importante prioridad para los consumidores”, incluso en un entorno de inflación y renta disponible estancada temporalmente. Y es que el viaje se percibe cada vez menos como un gasto discrecional y más como una partida esencial del consumo.
Ese patrón se refleja en varios indicadores. El 81% de los viajeros valora la relación calidad-precio al elegir destino y el 79% la tiene en cuenta al decidir la duración del viaje. Al mismo tiempo, el gasto en experiencias de valor se mantiene firme y más de la mitad de los viajeros sigue dando importancia al lujo. Según la presentación, muchos consumidores ajustan el presupuesto en alojamiento, pero preservan o incluso elevan el desembolso en actividades y servicios premium.
Europa sale favorecida de esta lógica porque combina proximidad, sensación de seguridad y una oferta amplia de destinos de distinto precio. Goodger ha señalado además a una creciente regionalización de la demanda, potencialmente positiva para el continente, con Alemania y Reino Unido como principales mercados emisores. Estados Unidos representa una aportación menor, en torno al 4%, mientras que China e India todavía tienen un peso reducido, aunque creciente.
Mediterráneo, nuevos destinos y gestión de la saturación
Dentro del mapa europeo los destinos mediterráneos aparecen entre los mejor posicionados. El analista sostiene que podrían beneficiarse de movimientos de sustitución de demanda, citando el caso de España, para la que prevé un aumento de hasta el 10% en llegadas internacionales, tras el incremento del 3% del pasado año. También ha destacado oportunidades de crecimiento en destinos emergentes como Hungría.
La búsqueda de experiencias nuevas, asequibles e icónicas está impulsando esa redistribución de flujos. No obstante, Goodger ha advertido que costes y masificación son las principales barreras para los viajeros, junto con la geopolítica, los largos desplazamientos, la necesidad de visados y la calidad del alojamiento. De ahí que el equilibrio entre crecimiento y sostenibilidad gane peso en la agenda de los destinos europeos.
Tecnología sí, pero al servicio de la confianza
En esa adaptación la tecnología tendrá un papel relevante. El 88% de los viajeros ya utiliza herramientas digitales y crece el recurso a chatbots y asistentes virtuales, aunque las OTA y las reseñas siguen concentrando un mayor uso. Para Goodger, no obstante, el futuro del viaje no depende sólo de la innovación, sino de cómo se emplea para reforzar la confianza del usuario.
Su conclusión es clara: Europa afronta una etapa de menor impulso, pero no de ruptura. Incluso si el contexto empeora, la región conserva fundamentos suficientes para seguir creciendo o, al menos, amortiguar mejor que otros mercados el golpe de una crisis más profunda.

