El riesgo geopolítico se consolida como un factor estructural que condiciona la actividad turística | Federació Hostaleria i Turisme de les Comarques de Girona

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El riesgo geopolítico se consolida como un factor estructural que condiciona la actividad turística

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Hosteltur. “El sector necesita estabilidad para planificar, pero que se ve obligado a trabajar sobre escenarios móviles”, afirma Juan Carlos Tárraga, director de Turismo en Willis España

La geopolítica se vuelve a situar en centro del tablero. La guerra en Irán, que comenzó hace ya más de un mes, reabre la incertidumbre en un sector que requiere confianza y previsibilidad, como recuerda Juan Carlos Tárraga, director de Turismo en la consultora Willis España. “En un contexto internacional cada vez más tenso, el riesgo geopolítico se ha convertido en un elemento estructural que condiciona el día a día del turismo”, afirma. Y sus efectos “se dejan sentir en las decisiones de viaje, en la conectividad aérea y en la operativa de un sector que necesita estabilidad para planificar, pero que se ve obligado a trabajar sobre escenarios móviles”, agrega.

El riesgo geopolítico tiene un efecto directo y con múltiples impactos sobre el sector, pero no impacta solo en el turista, también lo hace en la economía que sostiene el viaje.

Entre los impactos del riesgo geopolítico, Juan Carlos Tárraga, destaca la caída de demanda por percepción de inseguridad o reconfiguración de flujos turísticos globales. Se incrementa la reticencia a viajar a países con tensiones internas o externas, pero también se extiende a destinos cercanos o conectados con la zona de conflicto.

“No siempre hablamos de cancelaciones masivas, a veces el golpe llega como un goteo silencioso: reservas que no se hacen, decisiones que se posponen y un trasvase hacia destinos percibidos como más estables, que pueden captar parte de la demanda, mientras otros sufren un retroceso que no siempre se recupera en cuanto baja la tensión, porque el viajero cambia hábitos y redescubre opciones”, afirma.

Incide también en los costes y disrupciones en el transporte, ya que las aerolíneas y operadores pueden suspender rutas, modificar itinerarios, evitar determinados corredores aéreos o reconfigurar escalas, cuando se elevan las tensiones.

Sin olvidar los posibles cierres de aeropuertos o restricciones temporales, así como el aumento de los requisitos de seguridad, “con la consecuencia natural de presión sobre precios y disponibilidad”, agrega.

A los que se suma el incremento de costes operativos: combustible, energía, materias primas y cadena de suministro presionan costes y, con ellos, márgenes.

Las aerolíneas suele ser el primer termómetro de la tensión internacional -señala Tárraga-, con desvíos de rutas, cierres de espacio aéreo, costes de combustible al alza o restricciones operativas que impactan de inmediato en su planificación

En el ámbito hotelero, “la incertidumbre se traduce en oscilaciones de demanda, reservas más cortas y un cliente más sensible a cualquier señal de inestabilidad”, asegura el director de Turismo en Willis España.

Al tiempo que los turoperadores lidian con itinerarios que deben adaptarse sobre la marcha y una disponibilidad que cambia por factores externos y productos que requieren rediseño repentino.

Capacidad de anticipación
Estos movimientos, cada vez más frecuentes, exponen al sector a una serie de riesgos, aunque el impacto no es inevitable: la capacidad de anticipación y respuesta marca la diferencia. Los actores que mejor resisten estas sacudidas son los que integran el riesgo geopolítico en su toma de decisiones y en su estrategia.

Las claves para mantener el control, incluso cuando el contexto se desordena, son a juicio de Tárrega, la diversificación de mercados, planes operativos flexibles capaces de activarse en horas, monitorización constante del entorno para anticipar disrupciones, comunicación transparente para proteger la confianza del viajero y una gestión de costes que amortigüe fluctuaciones externas.

Aunque estas medidas requieren inversión y enfoque, constituyen “la única vía realista para sostener estabilidad en un mapa global volátil”, añade.

“Si algo dejan claro los últimos episodios internacionales es que la geopolítica ya no es un ruido de fondo: es un factor que puede redefinir demanda, conectividad y costes en cuestión de días. La incertidumbre no va a desaparecer, pero sí puede gestionarse. Y en esa gestión está hoy la verdadera ventaja competitiva del sector”