Sostenibilidad: los hoteles priorizan seguridad energética e hídrica a reducir emisiones
Hosteltur. Las empresas que se retrasan en sus objetivos de cero emisiones netas han pasado del 1% al 11%.
La sostenibilidad empresarial está desplazando parte de su foco de la reducción de emisiones a la protección del acceso a recursos esenciales. Energía, agua y materiales condicionan cada vez más las decisiones de inversión, una tendencia especialmente relevante para los hoteles por su dependencia de estos suministros. Más de siete de cada diez organizaciones sitúan ya la seguridad de recursos por delante de los objetivos de descarbonización, según la quinta edición del informe A World in Balance: The resilience reset, del Capgemini Research Institute.
La seguridad energética, la disponibilidad de agua y el acceso a otros recursos críticos están adquiriendo más peso en las estrategias de sostenibilidad de las empresas, con especial trascendencia en sectores como el hotelero, cuyo funcionamiento depende de un flujo continuado de estos suministros.
Casi dos tercios de los directivos consultados identifican la seguridad energética y de recursos críticos como uno de los factores que están impulsando la inversión sostenible. Además, más de tres cuartas partes aseguran que sus organizaciones están acelerando la integración de la resiliencia energética y de recursos en sus estrategias empresariales y de sostenibilidad.
El suministro hídrico ocupa una posición creciente entre las preocupaciones empresariales. El 61% de los directivos considera que la escasez de agua supondrá una limitación mayor para el crecimiento de las empresas que la disponibilidad de energía durante los próximos cinco años, que en el caso hotelero podía convertirse en una cuestión de continuidad de negocio.
La mayor atención a la resiliencia responde, además, a un entorno en el que las alteraciones climáticas ya tienen consecuencias sobre la actividad empresarial. Casi nueve de cada diez organizaciones consultadas confirman que los fenómenos climáticos han provocado perturbaciones en sus cadenas de suministro. Sin embargo, la capacidad para anticipar el efecto económico de estos riesgos todavía es limitada. Solo el 15% de las organizaciones ha cuantificado completamente el impacto financiero de las perturbaciones relacionadas con el clima.
Poco más de uno de cada cuatro directivos reconoce, asimismo, que su organización ha evaluado los riesgos climáticos a lo largo de toda su cadena de valor ampliada o dispone de herramientas y plataformas de análisis de riesgo climático. La percepción sobre el nivel de preparación, no obstante, mejora. El porcentaje de directivos que sostiene que su empresa no está suficientemente preparada para afrontar los impactos climáticos ha descendido del 54% en 2025 al 44% este año.
Y es que, como ha constatado Cyril Garcia, responsable global de Servicios de Sostenibilidad y Responsabilidad Corporativa, y miembro del Comité Ejecutivo del Grupo Capgemini, “las perturbaciones derivadas del cambio climático se han convertido en nuestra nueva normalidad y, sin embargo, todavía existe una gran brecha entre la concienciación de los líderes empresariales sobre los riesgos y la implementación real. Para proteger sus cadenas de suministro, operaciones, infraestructuras y el acceso a energía, agua y materiales esenciales, ya no pueden posponer la acción climática”.
No obstante ha admitido que “es alentador ver que las organizaciones priorizan la adaptación y la resiliencia para un crecimiento sostenible. Pero a medida que evolucionan los riesgos climáticos y políticos, las organizaciones deben seguir integrando la sostenibilidad en el núcleo de su estrategia empresarial y en sus operaciones cotidianas”.
La inversión aumenta pese al retraso del net zero
La orientación hacia la resiliencia no implica una reducción del gasto en sostenibilidad. El 83% de las organizaciones prevé incrementar su inversión en adaptación climática durante los próximos 12 a 18 meses.
Las empresas han destinado durante el último año el 1,04% de sus ingresos a iniciativas de sostenibilidad, por encima del 0,8% que habían presupuestado inicialmente
Los resultados económicos también están respaldando estas inversiones. Casi siete de cada diez organizaciones indican haber obtenido un retorno neto positivo de sus iniciativas sostenibles. Para el 64% de los directivos estas inversiones han contribuido a aumentar las ventas, frente al 47% en 2025, mientras que el 74% entiende que las prácticas sostenibles han mejorado el valor de marca.
Pero al mismo tiempo crecen las dificultades para cumplir los compromisos climáticos establecidos. Aunque el 84% de las organizaciones declara disponer de objetivos basados en la ciencia, sólo el 42% señala encontrarse en camino de alcanzar sus metas intermedias o las previstas para 2030. De hecho el 29% confiesa haber pospuesto sus metas de cero emisiones, frente al 8% del año anterior.
La IA añade otro reto energético
La inteligencia artificial (IA) aparece como una herramienta creciente para desarrollar las estrategias sostenibles. Casi dos tercios de las organizaciones afirman utilizarla con esta finalidad y más de un tercio emplea o prevé emplear IA agéntica en proyectos relacionados con sostenibilidad.
Su impacto ambiental, sin embargo, abre un nuevo frente. Casi la mitad de los directivos cree que la IA ha elevado significativamente las emisiones de gases de efecto invernadero de su organización. La capacidad para medir ese consumo sigue rezagada: sólo algo más de un tercio de las empresas calcula el consumo energético y la huella de carbono asociados a sus sistemas y cargas de trabajo de inteligencia artificial.
El escenario dibujado por el estudio amplía así el concepto empresarial de sostenibilidad. Reducir emisiones continúa formando parte de las estrategias corporativas, pero compartir protagonismo con la seguridad energética, la disponibilidad de agua y la capacidad para mantener las operaciones ante un clima más incierto se está convirtiendo en una prioridad creciente. Para el alojamiento turístico esta evolución sitúa la gestión de los recursos no sólo como una cuestión ambiental, sino también como un factor directamente relacionado con la continuidad de la actividad.

