Barcelona fija sus límites: "Hemos decidido no crecer más en oferta de alojamiento" | Federació Hostaleria i Turisme de les Comarques de Girona

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Barcelona fija sus límites: “Hemos decidido no crecer más en oferta de alojamiento”

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Hosteltur. Entrevista a José Antonio Donaire, comisionado de turismo sostenible del Ayuntamiento de Barcelona. José Antonio Donaire: “La política turística de Barcelona incide especialmente en las tres “B”, del inglés Beds (camas), Berths (camarotes) y Buses (autobuses)”.

Numerosas ciudades europeas, preocupadas por las externalidades negativas del turismo, siguen de cerca las medidas que Barcelona está desplegando para regular la actividad con el objetivo de replicarlas si demuestran su eficacia. En la vanguardia de estas políticas se sitúa el comisionado para la gestión del Turismo sostenible, un puesto de reciente creación en el Ayuntamiento para el que ha sido nombrado José Antonio Donaire. Autor de diversos libros y ensayos sobre turismo urbano, Donaire es doctor en Geografía, profesor en la Facultad de Turismo de la Universidad de Girona y director del Insetur (Instituto de Investigación de Turismo).

¿En qué consiste su trabajo de comisionado para la gestión del Turismo sostenible?

Mi trabajo consiste en coordinar las acciones en el ámbito turístico en Barcelona, una actividad transversal que afecta a muchas áreas del Ayuntamiento: movilidad, cultura, seguridad y desarrollo económico. Mi labor esencial es desarrollar una política turística que armonice estos ámbitos.

¿Cómo funciona la coordinación con tantos actores públicos y privados en el día a día?

Una ciudad como Barcelona requiere coordinación interna en el Ayuntamiento y, sobre todo, externa. El turismo impacta en la restauración, el alojamiento, la intermediación y en los ciudadanos, quienes pueden ser trabajadores o vecinos que reciben impactos negativos del turismo. Mi papel es conciliar estos aspectos.

¿Esto genera muchas tensiones, imagino?

La ciudad es el resultado de tensiones, que son inherentes a los procesos urbanos y pueden ser positivas si se gestionan de manera inteligente, conciliando miradas y perspectivas para encontrar puntos de equilibrio entre el desarrollo económico y la vida cotidiana de los barceloneses.

¿Existe un consenso o diagnóstico común entre todos estos actores sobre la situación actual del turismo en Barcelona?

Sí, hay un consenso amplio en dos puntos: primero, que el turismo forma parte de la identidad de Barcelona y es consustancial a la dinámica de la ciudad; y segundo, que es necesaria una gestión activa para minimizar impactos negativos y maximizar los positivos.

Entremos más en los detalles. ¿Cuáles son las fortalezas y oportunidades detectadas en este diagnóstico?

La principal fortaleza es la conexión del turismo con la estructura productiva de la ciudad. A veces es un lazo directo, por ejemplo el sector del MICE está íntimamente conectado con sectores estratégicos como el médico, tecnológico (Mobile World Congress) y biomédico. También puede ser indirecto: la sólida estructura turística permite que Barcelona sea la ciudad de Europa con más conexiones aéreas directas con ciudades europeas, lo que actúa como palanca del sistema económico. La fortaleza más importante no es tanto el turismo per se, como una actividad que genera impacto económico, sino el turismo como una pieza más del engranaje económico que actúa como elemento dinamizador.

¿Qué me dice de las oportunidades?

Vamos hacia un mundo en el cual las ciudades juegan un papel esencial, especialmente las ciudades globales. Barcelona aspira a consolidarse como una ciudad global que atrae capitales y exporta valores éticos y políticos. El turismo nos ayuda en este posicionamiento.

¿Y respecto a las amenazas?

La mayor amenaza es la dificultad de construir un modelo equilibrado. Necesitamos conciliar muy bien la actividad turística con la vida cotidiana de la ciudad. Necesitamos fijar un límite por encima del cual probablemente más turistas generaría más problemas a la ciudad.

¿Barcelona debe decrecer turísticamente?

Pensamos que la ciudad ya ha fijado un límite. El instrumento clave es el PEUAT (Plan Especial Urbanístico de Alojamientos Turísticos), que ha permitido mantener un umbral de crecimiento estable en los últimos años.

Hace años se habla en el mundo académico del concepto turístico “capacidad de carga”, es decir, un número máximo de turistas que caben en un destino turístico. ¿Barcelona tiene una capacidad de carga establecida?

Hoy en día, existe un consenso en la comunidad académica que no tiene sentido el concepto “capacidad de carga” en una ciudad. Probablemente en un espacio natural sí tiene sentido. En una ciudad, sin embargo, la respuesta depende de los criterios de medida y muchos factores. En la comunidad científica se utiliza ahora otro concepto: “el límite de cambio aceptable”, es decir, qué transformación está dispuesta a asumir la ciudad a partir de una dinámica turística mediante la negociación, el consenso y la fijación de umbrales. En Barcelona, el umbral no se ha fijado en términos académicos de establecer cuál es el número máximo de turistas que puede recibir la ciudad, sino que se decidió incidir en la oferta. En la práctica, se ha decidido no crecer más en oferta de alojamiento para estabilizar la demanda.

Sin embargo, Barcelona recibe diariamente decenas de miles de personas que no pernoctan en el municipio: visitantes que llegan en bus o en tren de otras comarcas, cruceristas, etc. Hay que añadir las personas que van a estudiar, a trabajar, al médico, etc. No se puede poner un torno como en Venecia. ¿Cómo gestionar esto?

Estamos implementando varias medidas. Por ejemplo, la gestión inteligente de los autobuses, el medio de transporte más empleado por los visitantes que vienen desde las zonas costeras. Hemos establecido el sistema Bus 4.0, un programa para moderar el impacto de los autobuses turísticos en el centro y mejorar su distribución. También estamos desarrollando una política metropolitana, coordinándonos con municipios vecinos porque el fenómeno turístico desborda los límites municipales. El foco ahora es la gestión del espacio urbano para mejorar la relación entre turismo y ciudad.

Hablemos de los pisos turísticos. El alcalde anunció la eliminación de 10.000 licencias para 2028. ¿Por qué esta postura tan restrictiva hacia este modelo de alojamiento?

Porque responde a un problema residencial, no turístico. El acceso a la vivienda es la mayor preocupación en las ciudades europeas. La ciudad está haciendo un esfuerzo ingente en poner a disposición de los barceloneses vivienda de protección oficial. En un contexto de crisis de vivienda, no tiene sentido mantener oferta residencial para uso turístico cuando se necesita para los residentes. Las ciudades tienen que tomar decisiones drásticas. Por eso otros municipios del área metropolitana de Barcelona, donde existen dificultades de acceso a la vivienda, también están fijando el umbral de licencias en 0%, priorizando el uso residencial.

Sin embargo, la Asociación de Apartamentos Turísticos de Barcelona (Apartur) ha indicado que en la ciudad existen miles de viviendas que se usan para consultas médicas, despachos, etc. Eso es una oferta de alojamiento que no se está usando como residencia.

Sí, pero cuesta mucho explicar al ciudadano, en el contexto actual, que mientras con mucho esfuerzo público y privado ponemos en el mercado anualmente 2.000 unidades nuevas y vamos reduciendo poco a poco el problema de acceso a la vivienda al mismo tiempo existen 10.000 unidades residenciales ocupadas por turistas. Las viviendas turísticas han sido un factor de dinamización turística de la ciudad, pero la eliminación de licencias responde a una cuestión residencial.

¿Qué pasa con los cruceros?

La política turística de Barcelona incide especialmente en las tres “B”, del inglés Beds (camas), Berths (camarotes) y Buses (autobuses). Respecto a los camarotes, hemos acordado con el Puerto de Barcelona reducir las terminales de cruceros de 7 a 5 para el año 2030, limitando el número de cruceristas de forma progresiva. Esto supone una reducción de 37.000 a 31.000 cruceristas. Es otra medida de contención más, en la dinámica de adaptar las estrategias turísticas a las estrategias de la propia ciudad.

Hablemos de las “EGAS”, los 15 Espacios de Gran Afluencia turística que ha fijado el Ayuntamiento. ¿En qué consisten?

Cada EGA tiene unas 30 medidas para reducir la presión turística, mejorar la convivencia de uso y facilitar la movilidad. Por ejemplo, hemos duplicado, respecto al año pasado, los agentes cívicos que trabajan dentro de las EGA: su función es conciliar los diversos usos que se dan en estos espacios, prevenir problemas e incidir en situaciones de riesgo cívico. Por otro lado, estamos interviniendo en el comercio dentro de las EGA, fortaleciendo el comercio dirigido a los residentes, pues es necesario revertir parcialmente el monocultivo turístico de las tiendas. Otro ejemplo: se está limitando la superficie de terrazas en algunas zonas como la Rambla para que los ciudadanos perciban esa zona como un espacio también de uso residencial. Otra medida destacada es la reducción del número de visitantes en el Park Güell, donde se fijó un acceso limitado y se ha reducido el aforo de 4,5 a 4 millones de visitantes anuales. La idea de los EGA es ir reduciendo la presión y redistribuir los flujos hacia zonas menos conocidas.

¿Es posible redistribuir a los turistas más allá de Barcelona?

Depende del perfil. Al que viene por primera vez no le puedes pedir que no vaya a ver la Sagrada Familia, pero al visitante recurrente (el 50% en Barcelona) sí podemos ofrecerle alternativas. Con el programa “Barcelona Capital” fomentamos excursiones radiales (Montserrat, la ruta del Císter, Penedès, Figueres) aprovechando que para un turista internacional una hora de viaje es poco tiempo.

¿Está creciendo la estancia media?

Sí, detectamos una tendencia a estancias más largas debido a tres factores: la incertidumbre geopolítica (viajes más cerca, pero con estancias más prolongadas), el aumento de la demanda sénior (personas que disponen de más tiempo y viajan con más calma) y el incremento del coste del transporte. Esto es una regla casi matemática en el turismo: cuando suben los billetes de avión, se reduce la distancia y se incrementa el tiempo de estancia porque, al ser más caro el transporte, hay que amortizar en tiempo la inversión que se hace para el desplazamiento. No digo que los short breaks vayan a desaparecer en las ciudades europeas, pero sí que van a convivir con la creciente incorporación de perfiles de viajeros de estancias medias y largas, que nos interesan mucho.

A la hora de redistribuir el turismo ¿Cómo piensan hacer llegar la oferta a los viajeros, especialmente los que no se mueven con turoperador?

La tecnología jugará un papel esencial. En junio lanzamos la plataforma This is Barcelona, con información y productos con alto grado de personalización, ya que incorporará la Inteligencia Artificial. El objetivo es que cuando la IA busque contenidos para un turista, encuentre los que nosotros hemos modelado según sus preferencias. La plataforma permitirá reservas directas y valoraciones.

¿Cuál es el objetivo final de cara al ciudadano en unos 5 años?

Que el residente perciba el turismo como una fuerza positiva y un sector estratégico, y al mismo tiempo vea que esta actividad se integra de forma armónica en la vida cotidiana de ciudad. Queremos que el ciudadano sea el protagonista de la ciudad y el turista un espectador respetuoso que no condicione el paisaje urbano ni el comercio.