Esencialmente, mi trabajo es interlocutar con la ciudad. Me he reunido y he trabajado de la mano del sector turístico en su totalidad y también asociaciones de vecinos, culturales, comerciales… El turismo interpela a todos los sectores de la ciudad.
La ocupación hotelera, ya es oficial, cayó en 2025 en 0,7 puntos porcentuales. Se confirma que tenía cierta base el pequeño pánico que cundió en verano por las habitaciones vacías en los hoteles de más lujo. ¿Le preocupa este retroceso?
A ver, 0,5 o 0,7 dependiendo de la fuente… Es el equivalente al error estadístico. Menos de un 1% es un ajuste que depende de cuestiones tan transitorias como una feria bianual. Tenemos que acostumbrarnos a que Barcelona ha apostado por limitar la oferta de alojamiento. Una apuesta complicada, pero de éxito. Cuando tú limitas la oferta y mantienes una demanda latente, el resultado final es la estabilización. Hemos llegado al umbral de crecimiento que se ha marcado la ciudad. Por lo tanto, el balance es que el número de turistas está estabilizado. En los últimos cinco años y en el futuro.
Habrá un hito importante en 2028: la prohibición de los pisos turísticos. ¿Barcelona reducirá o perderá algún perfil de visitante por ello, como el público familiar?
Esperamos que no. Actualmente, alojan alrededor del 16% de turistas, unos dos millones largos de personas. Barcelona tiene la capacidad de absorber este contingente a través de más ocupación en los hoteles, de nuevos alojamientos donde los permite el PEUAT y puntualmente en el área metropolitana.
¿En qué punto está desarrollar una política metropolitana sobre apartamentos? No ha trascendido ningún progreso.
Se ha avanzado en conversaciones con los ayuntamientos. Estamos trabajando en una respuesta metropolitana, que es lo que querríamos, respetando siempre la autonomía de los municipios. Algunos ya están proponiendo medidas de contención en la línea de Barcelona, como L’Hospitalet, porque la vivienda es un problema generalizado.
Uno de los pocos sitios donde el ayuntamiento dice claramente que quiere que nazcan hoteles es la Sagrera, una de las cuatro zonas que permite el PEUAT. Sin embargo, los inversores no lo ven atractivo sin la estación operativa. ¿El Plan Sagrera 2035 recién expuesto por el alcalde será estímulo suficiente? ¿Qué tipo de hoteles preferiría?
Es lógico que los operadores hoteleros quieran más detalles. Que el ayuntamiento defina el horizonte urbanístico va a alentar que haya aquí nuevos hoteles. Barcelona tiene muchos operadores locales, una virtud que valoramos mucho. Hoteleros que son de Barcelona, incluso con varias generaciones de tradición. En otras ciudades tienen más peso las cadenas internacionales. También son bienvenidas aquí, pero es importante que haya hoteleros comprometidos con la ciudad. Invitamos a invertir en la Sagrera a todos los operadores que lo consideren oportuno, pero estamos muy contentos del elevado porcentaje de operadores locales en Barcelona.
Hace muchos años que Barcelona se propone descentralizar el turismo, pero los turistas siguen abarrotando más o menos en los mismos sitios. ¿Cómo lo quiere desencallar?
Hay dos palancas indirectas que están en todos los manuales. La primera es alargar la estancia media: cuando un turista tiene pocos días, se concentra en los sitios más visibles. A más tiempo medio, más visitas a zonas perimetrales. Y la segunda palanca son los visitantes recurrentes. Actualmente, Barcelona tiene entorno a un 50% de turistas de primera visita y otro 50% que ha venido dos o más veces. Queremos incidir en este bloque, acompañarle en la oferta de visita y decirle: “Ya que usted ya ha pasado el trámite de ver lo más importante, ahora le vamos a ofrecer nuevos sitios”.
Usted, que es vecino del Gòtic, expresó hace dos años que en Ciutat Vella y el Eixample hay “masificación”.
Hemos identificado ocho Espacios de Gran Afluencia, zonas donde la presión del turismo es evidente y hay que reducirla. Por eso hemos pactado que el Park Güell reciba medio millón menos de visitantes, para que esa presión se desplace hacia otras zonas. Más ejemplos: el acuerdo con la Boqueria para reducir los productos de consumo directo, la reducción de las terrazas en la Rambla y la gestión eficiente de los autobuses turísticos.
Precisamente los guías oficiales han salido a la calle contra el nuevo sistema de aparcamiento de autocares, una de las medidas estrella contra la congestión.
Su crítica se centra en el poco tiempo de desencochamiento, pero será una mejora sustancial para la convivencia y la calidad del servicio. Igual que un visitante del Park Güell tiene que comprar el ticket en línea antes de la visita, los 75.000 autobuses que operan en la ciudad también deben reservar su plaza en uno de los 59 espacios previstos. Así sabrá que podrá aparcar seguro y que tendrá 12 minutos para subir o bajar a sus pasajeros. Y descenderán el ruido, la contaminación y los problemas de movilidad.
Las excursiones fuera de Barcelona, los llamados ‘day-trips’, nunca han despegado con fuerza. ¿Falla la movilidad? Usted que es de la Costa Brava sabe bien que el transporte colectivo hacia allí deja mucho que desear, por ejemplo. Y que no se arregla con el millón de euros anunciado para promover otras zonas de Catalunya.
Este millón servirá para generar productos turísticos y presentarlos mejor con una nueva plataforma del consorcio Turisme de Barcelona. A la práctica, significará trasladar a visitantes desde la ciudad al territorio en productos de alta calidad que nos permitan superar un umbral hoy demasiado bajo. Solo un 8% de los turistas que visitan Barcelona salen de la ciudad. Tanto en transporte público, como mediante excursiones programadas. Además, la mayoría van a un radio muy cercano. Nos gustaría conectar mejor Barcelona con la mayoría del país, con el Penedès, el Priorat, Girona o la Catalunya Central.
¿Está alineado con el deseo de descentralizar, que el museo Thyssen abra en el paseo de Gracia?
Es un operador privado que se ha decidido por un emplazamiento privilegiado. Tenemos cuatro o cinco museos de rango internacional y aplaudimos que haya uno más, el Thyssen. Hará mucho más potente la oferta cultural de la ciudad. Al fin y al cabo, una de las apuestas estratégicas de Barcelona es la reducción relativa del turismo de ocio en favor del visitante profesional y el cultural. Más o menos ahora un 18-19% es profesional y un poco menos es cultural en sentido estricto. Queremos ir hacia un 33% cultural, un 33% profesional y un 33% de ocio.
Sagrada Familia tendrá repercusión mundial, no solo por la visita del Papa, sino porque se culmina la iglesia cristiana más grande del mundo”
Más actualidad. ¿Qué impacto turístico tendrá la visita del Papa?
Incrementará el valor icónico de la Sagrada Familia, que podemos capitalizar en positivo. Hay cinco o seis iconos en Europa que son universales, conocidos por todos. El ejemplo más claro es la Torre Eiffel. Eso trasciende el turismo, te sitúa en el mapa. La Sagrada Familia tendrá repercusión mundial, no solo por la visita del Papa, sino porque finalmente se corona la Torre de Jesús y, después de más de 100 años, se culmina la iglesia cristiana más grande del mundo. Como ciudad tenemos que valorar la presencia de este icono.
El templo ha augurado que tras el viaje del Pontífice crecerá la afluencia a la Sagrada Familia y eso complicará su logística. ¿Lo ve positivo?
Para el Park Güell, que es de gestión pública, apostamos por una reducción directa de visitantes. Pedimos al sector privado que vaya en esta línea. Es decir, nuestro objetivo a medio plazo y a corto plazo es que los grandes equipamientos culturales hagan un esfuerzo de contención del número de visitantes, para fomentar una mejor distribución.
¿Le pide a la Sagrada Familia que venda menos entradas?
No interpelamos directamente a ningún operador, sino al conjunto. Dicho esto, la Sagrada Familia es uno de los ocho Espacios de Gran Afluencia en los que reducir la presión turística y mejorar su gestión.
Cada vez más y más turistas utilizan la Inteligencia Artificial para planificar sus viajes. Un estudio reciente y serio avisa que la IA asocia Barcelona con el turismo gastronómico y Madrid, con el de negocios. Esto no es lo que Barcelona quiere explicar al mundo.
Es cierto. Está cayendo la prescripción de visitas por los canales clásicos y la IA cada vez tiene más peso. Por eso utilizamos una parte de los fondos Next Generation en contenidos digitales sobre la ciudad enfocados a las arañas de datos de la IA, con el lenguaje y la trazabilidad que necesitan. La IA sale muy penalizada cuando proporciona información incorrecta, las llamadas ‘alucinaciones’, y para corregirlas sus algoritmos están privilegiando las fuentes de información más veraces, como medios de comunicación, universidades y administraciones públicas. Hoy lo que ponemos en las webs municipales no solo va a ser consultado por personas, sino que va a ser capturado por alguna IA que queremos que prescriba al turista lo que a nosotros nos interesa.
Tampoco explican la ciudad que queremos explicar la mayoría de tiendas de souvenirs. Ponerles coto se le resiste a Barcelona. Muchas veces operan bajo epígrafes de tienda de proximidad y los tenderos no cooperan. ¿Qué más podemos hacer?
Hace unos días hubo una inspección en el entorno del Park Güell en la cual se detectaron muchas irregularidades y se puso orden. Debemos ser muy exigentes con el cumplimiento de la normativa y contundentes contra el fraude. Y en los Espacios de Gran Afluencia hay ayudas para proyectos de reforma, digitalización y formación, para que exista y crezca un tejido comercial dirigido a los residentes.