Tasas turísticas al alza en Italia | Federació Hostaleria i Turisme de les Comarques de Girona

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Tasas turísticas al alza en Italia

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La Vanguardia. Meloni permite incrementar el recargo por el Jubileo y los Juegos Olímpicos de Invierno y se queda una parte

Los números definitivos aún no están cerrados, pero según las primeras estimaciones, solo en la noche de Fin de Año el Estado italiano recaudó más de siete millones de euros en concepto de tasa turística. Un botín que crece año tras año de forma exponencial: de los 622 millones de euros de 2019 —último dato antes de la pandemia— a los 1.024 millones de 2024, un aumento del 65% que está destinado a seguir al alza.

Según el Observatorio de JFC, centro de análisis turístico, en 2025 la recaudación podría alcanzar los 1.186 millones de euros, impulsada por la decisión del Gobierno de permitir a los entes locales incrementar las tarifas con motivo del Jubileo y de los Juegos Olímpicos de Invierno, previstos en febrero de 2026 en Milán y Cortina d’Ampezzo. Un decreto del Ejecutivo no solo ha confirmado los aumentos vinculados al Año Santo también para 2026, sino que regula las tasas en las zonas olímpicas —con incrementos para los hoteles situados en un radio de 30 kilómetros de las sedes de competición— y establece que una parte de los nuevos ingresos irá a parar a las arcas del Estado, y no exclusivamente a las de los municipios.

A partir de 2026, nuevas ciudades introducirán la tasa turística y muchas otras la incrementarán. El récord sigue perteneciendo a Roma, donde, amparada por una ley especial, la tasa turística alcanza los 10 euros por persona y noche en los hoteles de cinco estrellas, una cifra que Milán igualará gracias al efecto olímpico. Para el resto de capitales de provincia, el techo máximo es de cinco euros, con la excepción de aquellos lugares donde la presión turística supera ampliamente a la población residente.

Más allá de los aumentos, el problema está también en el diseño del impuesto. Las tarifas se determinan exclusivamente en función de la categoría del hotel (de una a cinco estrellas), sin tener en cuenta el precio real de la habitación. Un sistema con evidentes distorsiones: una habitación en un hotel de cuatro estrellas de periferia suele costar mucho menos que una del mismo nivel en el centro, pero la tasa es idéntica. Tampoco se tiene en cuenta la estacionalidad, de modo que cuando los precios bajan, la tasa pesa proporcionalmente más.

Fuentes gubernamentales explican a ‘La Vanguardia’ que son conscientes del problema, pero que no hay una decisión inminente sobre la mesa de Giorgia Meloni ni del Ministerio de Economía. La presión del sector, sin embargo, es constante.

“La tasa turística debe estar vinculada al precio y no a la categoría”, insiste Fabio Roscioli, presidente de Federalberghi Roma, la patronal hotelera de la capital.

El debate se centra también en la escasa transparencia sobre el uso de estos fondos. En teoría, se trata de una “tasa finalista”, destinada a financiar inversiones en turismo. Sin embargo, un estudio detallado de JFC demuestra que la opacidad es la norma: la mayoría de los municipios no explica cómo se gastan los ingresos y la ley no impone una rendición de cuentas detallada. Así, bajo el concepto de turismo se incluyen también la limpieza urbana, el transporte público o la seguridad.

“Seguimos viendo al turista como una renta que hay que exprimir”, se quejan los hoteleros
Incluso la ministra de Turismo, Daniela Santanchè, que conoce bien el sector por haber sido propietaria junto a Flavio Briatore de uno de los establecimientos de playa más exclusivos de la península, el Twiga de Forte dei Marmi, admite que el problema existe: “Algunos municipios utilizan el dinero de los turistas para tapar agujeros presupuestarios. Ha llegado el momento de una reforma estructural de la tasa turística”.

Para Roscioli, el trasfondo es aún más profundo: “Seguimos viendo al turista como una renta que hay que exprimir, especialmente en Roma, como demuestra también la absurda idea de cobrar dos euros por la Fontana de Trevi, que es una plaza pública. Venecia tiene un sistema coherente: quien duerme paga la tasa turística; quien no duerme, paga un ticket de acceso”.

La propuesta de los hoteleros es distinta: una city tax difusa, una “seditax”. Una pequeña cuota –quizá diez céntimos– aplicada al uso de la ciudad: bares, restaurantes, transporte, servicios. Una contribución compartida por todos los que hacen uso de ella, y no solo por quienes duermen en un hotel.