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Una joya de la naturaleza en el costa catalana

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La Vanguardia. El parque protege un espacio de gran valor natural en una zona marcada por la actividad turística.

Al lado de algunas de las poblaciones más icónicas del Empordà, el Parque Natural del Cap de Creus protege uno de los espacios más emblemáticos de toda la costa catalana. Entre Llançà, en la parte norte, y Roses, en la parte sur, sus límites protegen un territorio de gran valor natural en la costa pero también en el medio marino. Su presencia ha constituido un freno clave para la preservación de este espacio natural.

El final de la década de los sesenta y el principio de los setenta coincidieron con el gran boom del turismo en el país. La presión para edificar y urbanizar de acuerdo con las necesidades de los visitantes se extendió rápidamente por el territorio hasta llegar también a la Costa Brava. Fue entonces que una serie de iniciativas locales se activaron para proteger este espacio natural de la amenaza del turismo.

Sus reivindicaciones fueron el preludio efectivo del parque, que formalizó su existencia en 1998 después de años de trámites. En la actualidad, protege más de 13.000 hectáreas de territorio. El mar y la tierra, en un pulso constante en la península, son los elementos principales de la zona, a los que hay que añadir el viento de tramontana. Es en los días en que el poder del viento asola el Cap de Creus que este territorio muestra su auténtica naturaleza.

El parque protege más de 13.000 hectáreas de tierra y mar, en una contención clave para la preservación de este espacio natural.

La misma operación de síntesis entre los elementos es también atribuible al destino de los Pirineos, que se diluyen en el litoral ampurdanés, mezclándose con el mediterráneo. Hasta la parte más oriental del parque llega la zona axial de cordillera que conforma el eje orográfico de la franja norte del Principado.

Una de las mejores maneras de descubrir los parajes del Cap de Creus es recorrerlos a pie. Los senderos de largo recorrido, los GR, proponen algunos de los itinerarios más interesantes en este sentido. Para los amantes de la montaña, el GR11 es el recorrido de montaña por excelencia de los Pirineos. Des de la Punta de Creus, su trayecto atraviesa toda la cordillera hasta su final en el mar Cantábrico. Y para los que prefieran rutas menos exigentes, el GR92, que baja por toda la costa catalana, des de Portbou hasta Ulldecona; sin duda, una de las mejores formas de disfrutar del bello paisaje del litoral de la Costa Brava.

Los itinerarios de los GR11 y GR92 cruzan el territorio del Cap de Creus y constituyen una magnífica manera de descubrir a pie su territorio.

Pero buena parte de la riqueza del parque se encuentra en el agua. Para no perdernos este interesante patrimonio también abundan las opciones. Las principales, embarcarnos o hacer submarinismo. El kayak permite a los visitantes viajar de forma cómoda y sencilla entre las calas y apreciar la belleza del mediterráneo. En las profundidades, las inmersiones nos permitirán descubrir la riqueza del fondo marino: posidonia, coral rojo y una gran biodiversidad.

Dentro del territorio protegido del parque, bañadas por el mar, pequeñas calas resguardadas de las multitudes proponen a los visitantes una tranquilidad y placidez absolutas para disfrutar del mar y del sol de la costa. En las proximidades del Cap de Creus, la Cala Talabre o la minúscula cala Tulip, a pocos minutos del faro, permiten a los bañistas sumergirse en el Mediterráneo con el cobijo de los montes del accidentado litoral.

En las proximidades del Cap de Creus, las pequeñas calas permiten disfrutar de la belleza del litoral con una absoluta tranquilidad

Los atractivos de la zona, no obstante, no son solamente de carácter natural. En Cadaqués y en Port Lligat, encontraremos u n patrimonio cultural de gran valor. La Casa de Salvador Dalí nos permitirá acercarnos a la figura del genial artista y contemplar algunas de sus más relevantes obras, entre las que encontraremos muchas pruebas de su estrecha vinculación con el territorio. Cadaqués ofrecerá al visitante una apariencia auténtica, marcada por el blanco de sus tradicionales casas.

Para terminar un día de visita, una de las experiencias más especiales que nos permite vivir el parque es la salida del sol desde la punta del cabo. Un verdadero sentimiento de finis terrae, de estar en el límite de la tierra, se apoderará de nosotros, mientras podemos ver como sale amanece en el extremo más oriental de Catalunya y de la Península Ibérica.



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