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Estas son las amenazas que se ciernen sobre el turismo de naturaleza

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Hosteltur. Con la pandemia de COVID-19, muchos turistas cambiaron las ciudades y costas por los espacios naturales, huyendo de la masificación. No obstante, esa apuesta llevó a que en ocasiones se produjera una excesiva concentración de visitantes en los puntos más conocidos de estos parques naturales, con lo que tuvieron que sufrir esas aglomeraciones que trataban de evitar. Esta es una de las amenazas a las que se han enfrentado estos espacios estos años, que se mantiene este 2022, según explica a HOSTELTUR, Amanda Guzmán, gerente de la Asociación de Ecoturismo en España. “Se ha dado en puntos concretos de los espacios naturales y en ciertos momentos como el verano. Por ejemplo, en Picos de Europa, un espacio natural enorme que abarca tres comunidades autónomas, aunque todo el mundo va a los mismos sitios, a los lagos”, advierte.

“Aunque tenemos mucho espacio por descubrir, lugares que no se conocen, la gente va a los mismos sitios, los más conocidos, por lo que a veces estos acaban sufriendo de masificación”, constata Guzmán, que reclama “un esfuerzo de gestión” para que esos espacios naturales sigan siendo un motivo de viaje.

Por ello, insta a trabajar para descongestionar estos puntos y que los viajeros vayan a otras zonas menos conocidas con las mismas posibilidades para practicar senderismo y ver paisajes espectaculares.

“La demanda generalista se concentra ahí. Y sin embargo, hay mucho espacio natural por descubrir. El 33% de nuestro territorio está protegido y muchas de las zonas más interesantes no se visitan porque no se conocen por el gran público”, lamenta.

Según remarca, desde la Asociación de Ecoturismo en España han detectado un mayor interés por este tipo de productos, con más empresas de turismo activo interesadas en ofrecer actividades de ecoturismo. Así, este cambio en la demanda ha acercado a estos establecimientos a gente que no estaba acostumbrada a viajar a estos territorios.

“Buscaban zonas no masificadas, grupos pequeños y un espacio al aire libre, pero se veía que su tradición de viaje era un hotel y echaban en falta ciertas comodidades”, explica Guzmán, que detalla que muchos socios han notado un cambio importante, con una demanda “más generalista” que está llegando a entornos rurales, “unas veces para bien, en la que se enamoran, y otras en que no les gusta tanto”.

Nuevo viajero

De este modo, con la llegada de este nuevo tipo de visitante se ha visto la necesidad de volver a sensibilizar a estos visitantes.

“Este viajero va a un espacio natural como va a un monumento, exige que haya papeleras, cuando en un espacio natural no tiene que haber porque guardas tú la basura y te la llevas a tu casa”, pone un ejemplo Guzmán de las demandas de esa gente que no está acostumbrada a ir al campo.

Asimismo, en unos momentos en que la digitalización se ha convertido en uno de los principales retos del sector turístico, la gerente de la Asociación de Ecoturismo en España pone la voz de alarma sobre una de las carencias de estos establecimientos: la falta de cobertura.

“Se habla mucho de digitalización, pero todavía tenemos auténticos agujeros negros en nuestros espacios rurales, a los que no llega internet ni una cobertura móvil adecuada. Es algo que no estamos viendo que mejore todo lo rápido que debiera”, critica.

‘Basuraleza’

En esa necesidad de una mayor educación ambiental para atajar el aumento del abandono de residuos coincide la Fundación Patrimonio Natural de la Junta de Castilla y León, que señala los espacios de la Reserva de Castronuño (Valladolid) y del Parque Natural de Las Batuecas-Sierra de Francia (Salamanca) como dos ejemplos donde esta formación se ha fortalecido en los últimos años para prevenir una mayor presencia de basura en la naturaleza, que llaman ‘basuraleza’, según recoge Efe.

Mabel Cervera, ingeniera forestal, educadora y técnico de la Fundación, ha constatado cómo, a raíz de la pandemia, el turismo de naturaleza “se ha puesto de moda”, pues tras las restricciones “hemos necesitado salir al campo y respirar después de las mascarillas”, opina, pero también advierte del mayor impacto ambiental de esta masificación.

En cuanto a la ‘basuraleza’, destaca el caso de las colillas de cigarros, pero también el de los plásticos de diferentes tamaños con los que, advierte, “provocamos mortandad sin darnos cuenta”, pues, por ejemplo, “muchas aves se llevan cosas que brillan al nido, se tragan esos plásticos o se los dan a los polluelos”.

Toda la basura que no se degrada se infiltra en la cadena trófica y “al final nos la acabamos comiendo nosotros”, recuerda esta experta, y por ello insiste en la necesidad de evitar a toda costa que los residuos acaben allí, algo que pasa por llevar en cada salida al campo una bolsa en la mochila en la que guardar los desperdicios, y dejarla después en un punto de recogida.

A su juicio, el “turismo de naturaleza” que ella vivió en los años 1990 desde el hotel rural que puso en marcha ha pasado a ser ahora “turismo en la naturaleza”, lamenta, donde los huéspedes a menudo esperan el mismo modelo turístico de cualquier urbe -un hotel equipado con todas las comodidades- pero situado en un entorno natural, sin interactuar apenas con la población local.

Arguye que el precio de esa tendencia lo paga sobre todo la biodiversidad: “a veces no nos damos cuenta de que muchos pasamos por el mismo recorrido donde hay fauna, como cabras montesas o buitres leonados; no pensamos que estamos en su hábitat, que nos estamos metiendo allí”, recalca.

Javier Valenzuela, de la Fundación Patrimonio Natural, también abunda en la “explosión” que ha vivido este tipo de turismo, que, aunque valora como algo positivo, requiere de sensibilización ambiental para favorecer un uso sostenible de esos espacios.

Manual de buenas prácticas

En esta línea, la Consejería de Transición Ecológica, Lucha contra el Cambio Climático y Planificación Territorial de Canarias acaba de publicar un manual de buenas prácticas en el que advierte de los efectos de las actividades de turismo activo y de naturaleza sobre la biodiversidad.

Esta herramienta, elaborada a través del Servicio de Biodiversidad y la empresa pública Gesplan, busca mejorar la convivencia entre turismo y territorio, informa el Gobierno de Canarias.

La guía incluye 50 actividades de turismo activo y de naturaleza que se realizan en espacios naturales de Canarias y muestra las potenciales afecciones sobre la biodiversidad categorizadas, según un criterio experto consensuado, en tres grados diferentes en función del daño que pueden llegar a ocasionar.

El objetivo de esta guía es concienciar sobre la importancia de realizar estas actividades con responsabilidad y destacar, también, las buenas prácticas con ejemplos concretos de cada isla.

“En Canarias, turismo y sostenibilidad van a estar cada vez más relacionados y es importante que los profesionales y directivos turísticos sean conscientes para que el modelo turístico tradicional evolucione hacia una oferta turística cada vez más sostenible y respetuosa con el medio natural”, sostiene el consejero autonómico responsable del Área, José Antonio Valbuena.

 

 

 



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