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El termómetro de la felicidad, presente en el hotel Miguel Ángel by BlueBay

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Hosteltur. Tecnología emocional con la que se puede pasar del big data al smart data. BlueBay Hotels ha puesto en marcha un proyecto pionero en el sector hotelero en España para medir y analizar el estado anímico de los clientes alojados en sus establecimientos y poder personalizar así su oferta de servicios. El proyecto, denominado el ‘termómetro de la felicidad’ y desarrollado en colaboración con Pyramics y el Instituto Fraunhofer, empresa e institución alemanas, se ha implementado en el hotel Miguel Ángel by BlueBay de Madrid.

El sistema incorpora los últimos avances en tecnología emocional para conocer las emociones de los clientes. Así, el termómetro de la felicidad está compuesto por cinco sensores distribuidos estratégicamente por distintas zonas públicas del emblemático hotel madrileño.

En una primera fase de implementación del proyecto estos sensores son capaces de identificar emociones básicas como alegría, enfado o incluso un sentimiento neutro en la cara de los clientes, si bien el objetivo es ampliar a futuro esta monitorización para poder ofrecerles servicios adaptados específicamente a sus emociones.

Una de las características que realza el interés de este proyecto es, según ha explicado Jamal Satli Iglesias, presidente de BlueBay Hotels, “la posibilidad de conocer el estado anímico de los clientes de manera real, sin intermediarios, y actuar en consecuencia para proporcionarles la mejor estancia posible”.

Y es que, como ha apuntado el presidente de la cadena, “el negocio hotelero tiene que pasar de vender camas a buscar la felicidad de sus clientes, por lo que ha de dar un paso al frente y subirse al carro de la innovación. Las herramientas tradicionales como los cuestionarios de satisfacción y las opiniones online siguen siendo válidas, pero hemos de incorporar un nuevo indicador que es el emocional, en BlueBay Hotels le llamamos el triple indicador de la felicidad”.

Cómo funciona

Para ello los sensores recogen las expresiones de los clientes mediante técnicas de reconocimiento facial, triangulando sus caras siempre que el cliente esté mirando al sensor. Además de sus emociones también detectan parámetros como edad, género, localización en las instalaciones y tiempo de exposición.

Toda esa información es enviada vía wifi a un servidor que los computa y emite una base de datos que recopila todos los parámetros descritos (big data). El análisis posterior de estos datos, que se convierten así en smart data, permitirá personalizar la oferta de ocio y servicios disponibles en el establecimiento para garantizar que la experiencia del cliente sea totalmente satisfactoria, según afirman sus promotores.

Este proyecto, concluye Jamal Satli Iglesias, “nos permitirá en un futuro conocer las zonas donde los clientes se sienten más a gusto para potenciarlas y las que, al contrario, deban ser repensadas en beneficio del cliente”.



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