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El Empordà con ojos de Josep Pla

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La Vanguardia. Las playas de Palafrugell, Pals, Ullastret, La Bisbal d’Empordà o la costa de Torroella de Montgrí son escenarios que figuran en la obra literaria del prosista.

Cuando Josep Pla quería mostrar su amado Empordanet a las personas que lo visitaban, las llevaba al Pedró de Pals (la cima de la elevación del terreno sobre la que se acomoda el núcleo antiguo del municipio), que en su opinión era un mirador privilegiado de la comarca. En El meu país escribió que el Empordanet debía verse desde el Pedró de Pals y describía que en esa vista se conjugaba el contraste de la playa y las islas Medes con las montañas erosionadas del macizo del Montgrí, el verde de los árboles de hoja perenne, los bosques de alcornoques y pinos, los campos de cultivo y el último tramo del río Ter. “… tot això formant una gran cassola de forma viva, crea un conjunt d’una gran bellesa”, escribió. Pla confesaba haber pasado horas en el Pedró de Pals, sentado al pie de la cruz de término, contemplando ese paisaje, y aseguraba que siempre le gustaba, tanto si la visión era nítida como si era un poco más borrosa.

El Pedró de Pals sigue siendo hoy un mirador de referencia del Empordanet, y son numerosos los turistas que lo visitan, tanto los que llegan al lugar siguiendo la literatura de Josep Pla como los que se lo encuentran después de un recorrido por las calles en cuesta de la localidad, con sus tiendas de artesanía, sus arcos de piedra y sus grandes casas de pasado ilustre. Hoy, menos transitadas que un verano habitual. Otro excelente mirador del Empordanet es la torre de las Hores, de los siglos XII y XIII (en la imagen, la vista que ofrece), el vestigio más antigo del castillo de Pals, usado como reloj desde tiempos inmemoriales, que el Ayuntamiento abrió al público hace dos años. “La Torre de les Hores, de Pals, donava les hores, amb una perfecta puntualitat relativa, però la campana era una mica escardalenca”, escribía Pla en el volumen Articles amb cua .

La vista general desde Pals (ya sea el Pedró o la torre de las Hores) permite hacerse una muy buena idea de ese paisaje en el que Josep Pla vivió, y que además convirtió en uno de los ejes de su literatura. “Perfiló como ningún otro escritor anterior la mitificación de la comarca (…) buscando siempre el adjetivo más definidor, la amenidad…”, destaca Victòria Ricart en el libro Espais literaris (Quaderns de la Revista de Girona).

Por todo ello Pla constituye un guía excelente a la hora de adentrarse en el Empordà. En sus libros se encuentran descripciones de lugares más o menos turísticos, pero que su literatura siempre sabe dotar de atractivo. Empezando por Palafrugell, donde nació y donde está hoy en día la Fundació Josep Pla, y su costa (como las playas de Tamariu, Llafranc o Cap Roig, el accidente geográfico que definió en El quadern gris como la “perla colorística de Calella” por las tonalidades rojizas de la roca. En ese lugar descansan mirando hacia Rusia, tal como pidieron en el testamento, el matrimonio artífice de los jardines de Cap Roig, el coronel ruso Nicolai Woevodsky y la aristócrata inglesa Dorothy Webster, amigos de Pla. También reposan allí sus mascotas, el gato Bonzo y el perro Nerón. De la descripción que hizo de la playa de Port Bo, que calificó como el verdadero puerto de Calella, uno puede ver la evolución de un lugar que ha cambiado en paralelo al turismo. “Anys enrere era un cafarnaüm bigarrat de tota mena d’objectes de pesca, una concentració de color, de gràcia i de vida. Avui dia, i especialment a l’estiu, les petites embarcaciones de passeig amb motors fora borda han anat envaint la breu faixa de sorra”, escribía en la guía de la Costa Brava en 1976.

De las playas a Ullastret y sus ruinas íberas. La trabajadora de la Fundació Josep Pla Mireia Xarau explica que el escritor era amigo de los arqueólogos que realizaron las primeras excavaciones y elogiaba los hallazgos que se hacían como señales del origen de la civilización ampurdanesa. El castillo de La Bisbal, muy bien conservado y rehabilitado para que pueda ser visitado; Calonge, un municipio en el que sí se puede apreciar el cambio desde el tiempo de Josep Pla, cuando la industria principal era la corchera, o la costa de Torroella de Montgrí, “la gran olvidada”, según Mireia Xarau, con algunos de los accidentes geográficos más singulares de la Costa Brava, como la roca Foradada, que Pla definió como “un túnel en el mar”… son algunos de los lugares que propone visitar, a partir de la obra planiana. Además, la Fundació Josep Pla, que tiene por objetivo la conservación y la difusión del legado del escritor, ofrece rutas en las que se combinan el turismo y la literatura con el doble objetivo de conocer mejor la obra de Pla y el territorio en el que fue creada y en el que en buena parte se basa.



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